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Tumblerpea

Mar 29 '14

Te extraño

Pienso en esa expresión. Así como en la expresión “echar de menos”. Pero sobre todo en la expresión “Extrañar”. No había pensando en ella hasta hace poco en el que el sentimiento de extrañar a alguien y la letra de una canción de Nacho Vegas se juntaron. La canción repite una letanía que dice “Te extraño y eso duele”. De pronto, la expresión extrañar aparece como otra cosa. Como cuando miras mucho tiempo un cuadro y de pronto lo ves. Mirar y ver son dos cosas distintas. 

Te extraño quiere decir que la persona se te hace extraña o que yo me hago extraño para ella. Te extraño quiere decir que tengo miedo de que ya no me reconozcas, que me preocupa que hablemos un lenguaje que ya no sea el mismo y que no nos entendamos. 

Se tardan años en componer un lenguaje común, en entender los gestos, los huecos y la forma de ocupar el espacio. La ausencia es, sin embargo, como un troyano informático. 

Te extraño y eso duele. 

Feb 8 '14

Instrucciones

No te hagas ilusiones. No esperes nada. Evita proyectar tus deseos. Mantente aquí. Mira este segundo, mira el segundo siguiente. No proyectes. No hagas planes basados en ilusiones o en ideas abstractas. No pienses en como sería todo si pasara no se qué. No cuentes conque eso que tiene que pasar va a pasar. Apasiónate con el ahora. Recuerda, si quieres, pero sin nostalgia. Recuerda para traer el goce pasado al presente. Rememora, sin más. No pienses en el futuro. El futuro son los próximos cinco minutos, mañana, la semana que viene, no mucho más. No esperes nada. No esperes absolutamente nada. La ilusión mata la sorpresa. La ilusión es la madre de la decepción. No esperes nada. Haz cosas. Haz las cosas que quieras hacer sin esperar de ellas nada que no sea ellas mismas. No hay un medio y un fin. No hagas planes, piensa escenarios. Percibe las opciones, expande lo posible dentro de lo posible. No te ilusiones, no imagines nada. No coloques imágenes en tu cabeza. Se consciente de ti, del tiempo que pasa y que te pasa. De las opciones, las opciones reales, no las imaginarias. Proponte forzar un límite, pero no esperes un resultado, céntrate en el propio límite. Anda, pasa a través. No digas nada, escucha, más bien. Escucha el rumor del mundo y sus posibilidades. Separa las cosas que están juntas, une las cosas que están separadas.

¿Ya? Ya.

Feb 2 '14

Cansancios

Ayer vi a un hombre subir la cuesta de San Vicente. Cada paso que daba era una especie de carga desmesurada. Como si llevara consigo toda la vida y le cargara la espalda. Resopló al pasar por mi lado. Yo hoy he tirado el café.

Mientras hacía el café he pensado en la historia de un hombre que hace café. Que cuenta los pasos para hacer el café. Que ha decidido concentrarse en esos detalles del desayuno. El hombre, claro, era yo. Yo concentrado en hacer café porque todo lo que está en el exterior del café es demasiado complicado y no se resolverlo. Todo lo que hay fuera es excesivo y arrollador.

Pero se me ha caído. El café.

Que miedo ver a ese hombre subiendo la cuesta. Que miedo que seas tú, tu futuro, con tu vida a cuestas. Una proyección de tu futuro. Que miedo saber que solo estaba cansado por la cuesta y que cualquiera metáfora que pareciera reflejar eran mis propias proyecciones mentales.

Cuando explico como se construye una trama uso la teoría del embudo. En una trampa puedes poner muchas cosas al principio, pero según va avanzando ya no caben muchas mas cosas, el espacio se va agotando. La vida es, quizás algo así. Y vivir te vuelve cobarde.

Todo estaba ordenado y ahora hay aquí un agujero. Y a mi se me ha caído el café.

Jan 10 '14

Finales

Suena Jazz. Miles Davis. Y luego Anthem for a 17 years old girl, de Broken Social Scene. Es de noche y pican los ojos. Las cosas se acaban. Las buenas, las malas, las regulares. Las cosas se acaban. Hace unos años escribí una frase para una guión que se ha vuelto una especie de mantra. Una afirmación tonta que rebela algo que es verdadero de una forma casi matemática: Las cosas cambian y se mueren o no cambian y ya están muertas.

Hay mucho de lo que esperábamos que fuera a ir bien que no va a ir bien. La linea que marca nuestra vida parecía dibujada como una pendiente ascendente hacia un destino. No hay tal destino. Ni siquiera la muerte tiene sentido porque no es dramática y tampoco la puedes mirar desde el otro lado y entenderla. No. Las cosas se interrumpen y ya… O se desvanecen con el lento acontecer de las horas y los días.

No sé si aprendemos mucho. Creía que si, que hay un acumulado de experiencias que sostiene toda una arquitectura mental, pero luego el territorio se disuelve bajo tus pies y las certezas se desvanecen y la seguridad se desvanece y sientes algo que hacia tiempo que no sentías. Una incertidumbre, un miedo, una vulnerabilidad enorme. Miras tus manos y son mas viejas, pero te sientes un adolescente y no lo entiendes. No parece, sin embargo, que no estés a la altura del desafío… Quizás a los 17 también lo estabas, pero la vida ordena los desafíos.

Y estás expuesto, dependiente, mirando a tus certezas empequeñecidas con la misma sensación que al salir de la ducha. Que frío.

Y sabes con certeza absoluta que todo se acabará. Que el plan que traces no saldrá bien, que solo te queda una especie de improvisación. Recuerdo una película. Viene ahora mismo como si no hiciera quizás 15 años que no pienso en ella: “Ahí afuera en el perímetro, no hay estrellas. Ahí estamos flotando, inmaculados” La voz en off recorre un desierto. Escribes para ensanchar la angustia y ponerle minutos a la impaciencia. Y llenar la incertidumbre de un goce. O usar ese vértigo para algo.

O igual es solo que tienes miedo.

Oct 29 '13

Mezcla

No pude ir a lo de Amaya. A Amaya la han despedido por no ir a trabajar el día de su desahucio. La echaron de su casa y luego la echaron del trabajo. Por ir a evitar que la echaran de su casa. No he podido ir a la concentración que se ha convocado en la puerta del grupo Konecta, una empresa de telemarketing. No he podido. Estaba en un hospital. 

Ana tiene una válvula en el cerebro que le drena líquido y que ha dejado de funcionar. Yo no hago nada, yo estoy ahí y acompaño a Ana y a su familia, me siento, leo, doy vueltas… Estoy. No puedo estar en más de un sitio a la vez, salvo en la redes, que puedo estar sentado ante el ordenador y mandar seis tuits desde seis cuentas distintas, pero no es lo mismo. No puedo estar en Santa Lucía, el pueblo de la madre de Ana, dónde ayer murieron seis mineros por una fuga de gas. Este verano estuve allí, hablamos con los mineros, nos contaron sus historias. No hicimos nada, solo estar.

Una amiga de la madre de Ana que ha venido hoy a vernos nos ha contado que su marido fue miembro fundador del grupo Fagor, que se le parte el corazón al ver como la cooperativa que su marido (que ya murió) ayudó a fundar se ha venido abajo. Lo dice con un gesto de abatimiento, de incomprensión.

Me gusta pensar que es un error estadístico, que simplemente he tirado demasiadas pocas veces el dado y por eso tengo la sensación de que siempre sale uno. Creo, me temo, que no es así, que Amaya, Ana, su madre, los mineros de Ciñera, Santa Lucia y Pola de Borón, Maite, su marido, etc. son mi red más o menos cercana de afectos que se cruzan con mi tiempo, cansado y limitado, impotente y débil para atender a todo ello. Y que cada quién tiene la suya.

Quizás es más cómodo, o más fácil, separar todos esos nombres en diferentes compartimentos, pero me temo que en mi caso tal cosa sea imposible. Creo que es bueno que así sea, aunque saberlo me señale un límite imposible de resolver. No podré estar ahí con todos. Me quedo en lo cercano, claro, y en lo urgente. En la sala de hospital dónde Ana se recupera de su operación, confiando en que sea la última.

Todo se cruza y tenemos que poder ver los cruces o no veremos absolutamente nada. He dormido tres horas y media, pero me niego a dejar de ver los cruces. Todo lo que se cruza es susceptible de ser una red, toda red es un tejido, todo tejido puede salvarnos la vida.

Voy a dormir.

Oct 20 '13

Escalabilidad

La primera vez fue cuando tenía 6 años, en 1º de EGB. Estaba en clase y tuve una idea. Inmediatamente la compartí con mi amigo Nacho. Como era una idea grande y compleja pensamos que era necesario escondernos para hablar del tema. Compartí mi propuesta con él detrás de una pizarra enormes y con ruedas que teníamos en clase: “Podríamos hacer una película”.

El padre de Nacho tenía una cámara, así que los dos convenimos que era, realmente, lo único que podíamos hacer dadas las circunstancias. Hacer una película. Probablemente la mejor película de todos los tiempos. 

No hicimos la película, pero sus padre me invitaron a pasar la tarde en su casa dónde jugamos al baloncesto en el patio. 

En 5 de EGB tuve no una, sino dos ideas. La primera no fue mía del todo, creo que no, al menos no lo recuerdo. Decidimos unos cuantos vender tebeos y figuras que teníamos en casa a los más pequeños durante la hora del comedor. Una semana después se prohibió la venta de nada durante la hora del comedor porque había peleas para controlar la mercancia y demasiados puestos de venta. Un pequeño experimento de mercado.

Ese mismo año decidimos construir un fuerte, pero llevarlo “A otro nivel” así que empezamos a acumular ladrillos que transportábamos desde unas obras cercanas hasta nuestra clase, dónde los íbamos escondiendo en diferentes armarios, cajoneras, etc. La aventura duró poco, apenas 48 horas hasta que nos pillaron. Se nos sugirió que hiciéramos algo más acorde a nuestra edad y nuestras familias terminaron por llevarnos al Parque de Atracciones.

Recuerdo ésto porque acabo de terminar de leer el último libro de Neil Gaiman que dice en un momento dado que los adultos no han cambiado en nada esencial desde que son niños y tengo la sensación de que tiene razón, al menos en parte.

De esas aventuras aprendí, creo que a un nivel inconsciente, que el resultado de hacer cosas que se te van de las manos, que no puedes controlar y para las que, claramente, no estás preparado, terminan por generar cosas más pequeñas y discretas, pero también muy divertidas. Decepciones sobre el plan original, pero con bellas concreciones. Nada de eso ha cambiado con el tiempo. 

Sep 27 '13

Pantallas

Siempre he encontrado una paz y una sensación de seguridad especial detrás de una pantalla. Yendo a manifestaciones con 16, 17 años, me gustaba ir solo con una cámara de vídeo grabándolo todo, tenía la sensación de que la cámara me separaba de la realidad y, de alguna manera, me protegía de ella. Era una manera de estar, sin estar. De exponerme, sin llegar a exponerme del todo.

Uno de mis recuerdos de infancia es el de mi madre tirando de mi en un enorme polideportivo. Mi colegio tenía una polideportivo increíble con dos canchas de fútbol y otras dos de baloncesto. De cemento. Mi madre y yo llegábamos tarde o como ella decía “con la hora pegada al culo”. No era llegar muy tarde, quizás 10 minutos. Yo era el niño que llegaba a clase cuando todo el mundo estaba sentado y pedía disculpas. Hacía frío esas mañanas. Quizás la sensación de distancia viene de ahí.

En otra ocasión me di cuenta de que me gustaba andar solo. Recuerdo una noche que habíamos ido de campamento y salimos a dar un paseo, yo me fui por mi cuenta a andar y mirar las rocas. Al volver al grupo escuche que alguien preguntaba por mi y mi mejor amigo de entonces decía “Estará por ahí solo, haciéndose el interesante”. Nunca he estado seguro del efecto que esas palabras tuvieron en mi. Tuvieron alguno, alguno importante, porque las recuerdo hoy, casi 20 años después. Pero también recuerdo no sentirme enfadado o traicionado. Quizás tenía razón mi amigo, quizás me iba solo para que alguien me mirara allí solo. No lo sé. Pero sé que es una forma de distancia.

Mi vida ha ido repitiendo esos ciclos. Esas pantallas de intermediación con la realidad, ese estar pero nunca al 100%, porque “tengo lío” “estoy a otra cosa” “ahora llego” “uy, me tengo que marchar ya”. O lanzando proyectos que luego no quiero habitar yo mismo.

Quizás por eso me gusta escribir. Es una forma de mancharse las manos bastante segura, en cierta manera. O quizás solo me hago el interesante.

Sep 18 '13

La ficción inagotable

Una vez al año voy entre 15 días y un mes a dar clase a la escuela de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en Cuba. La escuela, que tiene unos 150 alumnos entre sus tres años de curso y sus distintas especialidades, está situada a medio camino entre la localidad de San Antonio de los Baños y el llamado “pueblo textil”. Cuba tiene difícil acceso por carretera y no demasiados coches, eso quiere decir que durante años los estudiantes de la escuela hacen sus prácticas en San Antonio.

Todos los años desde 1986 grupos de estudiantes van a filmar documentales y pequeñas piezas de ficción a San Antonio. Siempre he tenido la fantasía de que es imposible que haya tantas historias en un pueblo, que es posible que se agotaran y que las gentes del pueblo, preocupadas, inventaran personajes e historias preocupados porque los estudiantes no encontraran que contar. Este año conté por primera vez mi alocada hipótesis/ficción a un profesor de la escuela y me contó una historia interesante sobre “Tele Serrana”.

La Televisión Serrana es una pequeña y paradójica televisión en la sierra maestra. En realidad, no es una televisión porque no emite, sino que produce piezas (generalmente documentales) y luego lleva una tele por la selva hasta las distintas localidades de tanto en tanto. Una televisión portátil para una comunidad de unas 300 personas. Casi 10 veces menos que la población de San Antonio de los Baños.

En Tele Serrana se hacen una parte de las prácticas de documental de la escuela, así que desde hace más de 25 años estudiantes de cine documentan esa realidad y luego la muestran en esa microtelevisión. Le pregunté al profesor si no se repetían los temas, la gente, etc. Me dijo que nunca. Que jamás había sucedido. Que cada año eran documentales distintos.

Añadió que la realidad es inagotable.

Últimamente me agarro a ese pensamiento una y otra vez. Si la realidad es inagotable, la ficción debe serlo también.

Sep 8 '13

El Otro

Leí una vez una entrevista con Vázquez Montalbán en la que hablaba de que Pepe Carvalho sabía cosas de Montalbán que Montalbán no sabía. Al menos no conscientemente. Contaba que el personaje de Carvaho había cambiado su actitud en una serie de novelas porque Montalbán, su autor, estaba enfermo, y Montalbán aún no lo sabía. El personaje, creado en algún lugar entre el incosnciente y el consciente se había dado cuenta. Vázquez Montalbán murió sentado en un aeropuerto. Creo que en Tailandia, documentándose para la que luego fue la última novela de Pepe Carvalho, que no he leído.

Creo que uno de mis escritores favoritos y desde luego aquel de que más libros he leído en mi vida es Terry Pratchett. Pratchett y su saga del mundodisco (y antes sus trilogía de los Gnomos) me acompañan desde que tengo 14 o 15 años, quizás antes. Desde hace algún tiempo Pratchett está aquejado de una enfermedad neurológica similar al Alzheimer, pero más rara. Sus últimas novelas de la sala del MundoDisco ya no son escritas per se, sino que las dicta y alguien las transcribe por él (o quizás usa un software de reconocmiento de voz, o ambas cosas, no lo recuerdo) Las novelas siguen siendo brillantes. Su universo narrativo fundamental es el MundoDisco, dónde ha desarrollado diferentes lineas protagonizadas por distintos personajes que le permiten tener, dentro de un mismo mundo, una multiplicidad de aproximaciones y estilos. Mis favoritas son las de la guardia.

El protagonista habitual de las novelas de la guardia es Samuel Vimes, un policía curtido y sagaz que tendría poco que envidiarle al Carvalho de Moltabán. En las últimas novelas Vimes ha entrado en contacto con una entidad llamada “La Oscuridad” en una cueva enana. La Oscuridad habla con él y le ayuda, pero a la vez desea que Vimes pierda el control, asesine, deje de respetar las normas. En la última novela hasta el momento, Vimes conversa con “La Oscuridad” a través de un espejo y ella le asegura que terminará por consumirle.

Pratchett ha expresado su deseo de morir dignamente antes de que su enfermedad le quite la lucidez (quizás una de las lucideces más lucidas que yo al menos he conocido) dice que no quiere dejar la enfermedad venza y que prefiere lanzarse por las cataratas de Reichenbach como un Holmes que termina con su Moriarty.

Sus obras ya empiezan a acercarse a la catarata. Cuando suceda le echaré muchísimo de menos.

Aug 27 '13

El Poyo

Estuve en mi pueblo y el día que llegué me dijeron que había misa al día siguiente. Una misa por mi tía Amelia, que murió hace un par de meses. Nunca voy a misa. Antes iba, de muy pequeño. La iglesia de mi pueblo es muy grande, aún hoy es grande. De pequeño me parecía enorme. Me aprendí el padre nuestro en esa iglesia. Me lo sé de memoria, de carrerilla.

En la misa de mi tía descubrí que me sabía un padre nuestro que ya no es el padre nuestro y pensé en “el poyo”. El poyo está junto a la iglesia y es dónde ella y otras mujeres del pueblo (del barrio de arriba) se sientan a tejer y charlar por las tardes. Al salir de la misa pensé que esas mujeres tendrían un hueco en el poyo ahora que mi abuela había muerto y no pude evitar proyectar en mi cabeza el momento en que ese poyo se fuera vaciando. Pensé en una de las últimas mujeres que quedaran para sentarse en ese poyo y en el día que decidía que ya no merecía la pena bajar. Fue un pensamiento rápido, de seis pasos. Al final de esos pasos me encontré con Martín.

Martín ahora se sienta en el Poyo con las señoras porque se ha jubilado. Era pastor de cabras y aún hoy tiene más fuerza que yo y un pecho de nadador, de persona fuerte. Cuando éramos pequeños y él trabajaba iba montado a caballo, era un hombre muy guapo. Nunca se casó. Vive junto a la iglesia con su hermana. Los dos son hermanos del antiguo cura del pueblo, que ya ha muerto. Vivían los tres en la casa del cura dónde había una especie de tienda a la que yo iba a veces a comprar cosas para mi madre. Me dieron ganas de darle un abrazo a Martín, pero lo que hice fue estrecharle la mano.

El Poyo, al menos en verano se renueva con mujeres estacionarias que tejen ahí y hablan de sus hijos, de las fiestas, de cosas generales. Mi abuela consideró un día que ya no iba a bajar al poyo porque se sentía vieja, pero lo miraba desde la ventana.

En el pueblo, en invierno, viven 30 personas. Nieva y se queda medio incomunicado. Dicen que bajan los lobos de las montañas. Me gusta creer que es verdad porque siempre que veo esas montañas creo que detrás de ellas hay más y más montaña, que la montaña no acaba y que allá arriba, más allá de las choperas, hay territorio inexplorado. En una de esas choperas esparcimos las cenizas de mi abuelo.

En el pueblo no piensan, quizás, en esas proyecciones de muerte, porque la muerte está ahí, cotidiana.

La misa en la que hablaron de mi tía fue rara. Leyeron textos que me gustaron mucho por motivos que nada tienen que ver con la iglesia, pero que no me recordaban a mi tía en nada. Al medio día salimos y por primera vez en toda nuestra vida, después de comer, toda la familia se puso a cantar canciones. Coplas, habaneras, jotas… No sé porque lo hicimos. Jamás habíamos cantando juntos.